Sandrine Reynaud

Nací el 5 de abril 1967 en Valence, Francia.

 

Nutrida por mi pasión hacia las piedras, llegué de forma autodidacta a la profesión de escultora en piedra, y en los años 90, viviendo en Isla Reunión entre África y la India, desarrollé la técnica de la talla.

 

La piedra es, definitivamente mi material predilecto.

 

Antes de empezar a esculpir los volúmenes en los bloques de basalto y mármol, me enfrenté durante largo tiempo a la verticalidad de la roca, como aficionada que soy a la escalada de montaña.

 

Pero es la llegada a la Isla Reunión en 1998, la que marca mi encuentro con el basalto. Allí, dejé mis zapatillas de trotamundos y cambié mi material de escaladora por las herramientas de escultora.

 

Las rocas de los barrancos, de formas, de colores tan diversos como los materiales que los conforman, me llevaron en un cauce natural hacia la escultura.
Mis manos cargadas de emoción, se unen a la roca depositaria de una historia y liberan la imagen. Hoy, la imagen se está borrando. Me importa el elemento, la piedra, su pura energía…

 

Desde entonces, expuse en la isla y más tarde en el gran continente, en el que continúo con mi vida de artista.

La piedra para ella es un acercamiento cuerpo acuerdo.

 

Que talle vías o que vea tallas, todo es cuestión de toque. Un toque de locura cuando desafía las leyes de la gravedad, locura al toque cuando se vuelve escultora.

 

Cuando bailaba en la vertical sobre paredes de granito, memoria de un pasado machacado, amalgamado, la piedra esculpía su cuerpo con hermosura porque ella la poseía con un gesto seguro, un gesto de humildad, un toque de aprensión, un atisbo de temor y mucho respeto para transformarse en pasión.

 

Cuando ahora bailan en sus manos ágiles las herramientas de metal, su cuerpo esculpe la piedra que, casi dócil bajo las caricias viriles de sus cinceles afilados, toma vida mientras la roca estalla para que la obra nazca.

 

¿Quién de los dos es la génesis del otro? ¿Es el artista la que crea la obra o la obra hace al artista?

 

¿Quién de los dos vibra más bajo los golpes del otro? ¿Quién se rebela y quién pelea para convertirse en otro? ¿Quién vuela en pedazos para liberar materia de formas de las que no se sabía prisionera? ¿Quién podría responder a todo esto?

 

Yo, observo, a veces veo, siento. Siento el acuerdo, siento el ardor, sé del corazón que le dedica, la oigo latir al ritmo de la maza de acero, golpeando la cabeza de las herramientas impregnadas de carburo, como también oigo a la piedra que respira por la que le da su soplo. Hablar de intercambio sería mentir, se trata de una fusión que se niega a enfriar.

Phil  Devin
Artista

La mujer que comía las piedras

Sandrine Reynaud dice: Yo comía las piedras.

 

Esta frase expresa la rotundidad de una pasión. Cuando conozco a alguien con una pasión tan persistente, yo, que tiendo a la dispersión, no puedo evitar un pellizco de envidia. Me inclino a pensar que, en este caso, su pasión es la piedra pero su intención está forjada en el hierro.

 

Imagino, antes, a esta mujer menuda, sólo algo más joven que ahora, mirando, tocando, acariciando obstinadamente una materia  aparentemente inerte, insípida y exigente.

 

Esa era su pasión: escalar las piedras, subirse a las paredes naturales y abordar la dignidad de una pared quizá con la secreta voluntad de vencer miedos. El vigor y la agilidad de su cuerpo, yendo de primera, asumiendo el riesgo de la caída libre, la liberaba de una restricción atávica a la feminidad.

 

Me gustan estas mujeres que no se someten, que enarbolan la libertad, la vida en toda su magnitud. Ser mujer, ni ahora ni antes, ha sido o es una “profesión” fácil. Nuestro ánimo y nuestra resistencia se ponen a prueba constantemente. Una pared, que tiene algo de femenino, representa una igual, que quizás a Sandrine le dio la medida de lo que era capaz La vida nos pone acertijos para que desentrañemos nuestro ser más íntimo, para que pongamos a prueba nuestra fortaleza. Me motiva su proyecto transformador: reconstruir un murete de piedra seca, para reconstruirse también del propio dolor.

 

Ahora, dejar atrás la escalada sin alejarse de la materia porque la piedra, le interesa de tal forma que no la sube pero la transforma. No siempre es fácil encontrar esta coherencia y claridad dentro del panorama artístico caracterizado a veces por seguir tendencias y por una aparente complejidad, que a la postre resulta vacua.

 

Los caminos de piedra existentes en este y en el otro lado del Pirineo, desde época inmemorial, merecen ser conservados y una visión desde el arte contemporáneo podría darles una nueva vida. Desde el proyecto “Muretes de Arte” se recuperan y se reivindican en su aspecto más antropológico. Este es un proyecto nada egocéntrico. Se ofrece a la comunidad para que lo haga suyo. En estos tiempos en los que la imagen del artista queda generalmente definida por la búsqueda del protagonismo individual, se agradecen especialmente proyectos como este, con amplitud de miras y que implican un arte participativo.

Gemma Quintana
Profesora de Técnicas de la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Aragón

Colaboradores

Galería de Arte “Girouette” (Crest, Francia)
Tel. +33 475 255 465

 

Galería de Arte “Le vestibule des inattendus” (Saoû, Francia)
Tel. +33 627 979 334

 

Désirs des Arts (Saoû, Francia)

 

Espacio multidisciplinar CREARIUM (Monzón, España)

 

Fontaine Laborde (Anglet, Francia)

 

FOTOGRAFÍAS

 

Aurélie Lamour (Saoû, Francia)

 

Juanjo Campillo (Barbastro, España)

 

TRADUCCIÓN

 

Diego Vázquez Prada (Anguës, España)

 

Carmen Bautista (Barbastro, España)